La Victoria —Niké para los griegos— aparece en innumerables reversos romanos, sosteniendo una corona y una palma. Era la forma en que el Imperio comunicaba sus triunfos a millones de manos.
La moneda fue el primer medio de masas: una imagen acuñada viajaba más lejos y más rápido que cualquier estatua. Quien recibía un denario recibía también un mensaje político.